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El amor no se hace esperar

Valeria Espinosa nunca había sido una persona paciente.

Desde pequeña siempre fue apresurada para todo. De los tres hijos que tuvo Hilda Espinosa, Valeria fue la primera en aprender a hablar, la primera en empezar a caminar, y la primera en hacer amigos en la escuela pues odiaba sentirse sola.

Así que cuando su novio, con quien llevaba ya cinco años de estar juntos le propuso matrimonio, Valeria decidió que era el momento de asegurar el futuro de su relación.

Estaba todo planeado: se casarían por la iglesia e irían de luna de miel a París en busca del famoso puente de las artes en el que miles parejas de todo el mundo escriben a diario sus nombres en un candado que simboliza la fuerza de su amor.

Sí, estaba todo planeado. Esto se repetía Valeria a sí misma mientras sostenía en sus manos una nota que encontró en la mochila de su novio en la que otra chica – una tal Ana – le escribía diciéndole que le extrañaba mucho y que deseaba verle.

Era evidente que ese detalle no formaba parte del plan. ¿Quién era esta chica y por qué le escribía ahora? ¿Acaso no se daba cuenta que aquella pequeña nota podía tener una trascendencia descomunal en el futuro de la relación con su novio?

Quizás no debería haberse precipitado a sacar conclusiones, pensó. Tal vez, lo mejor habría sido tomarse las cosas con calma y hablar… Quizás nunca debería haber buscado a aquella chica en Facebook para saber dónde vivía y haber prendido fuego a su casa. Pero al fin y al cabo, Valeria Espinosa nunca había sido una persona muy paciente, y cuando dos personas se quieren de verdad, el amor no se hace esperar.

Por: Juan Carlos Silva

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